Decir sí a la vida. Existir es un hecho, vivir es un arte (filosófico).



Todo el camino de la vida es pasar de la ignorancia al conocimiento, del miedo al amor. Fréderic Lenoir


No hemos elegido vivir, pero podemos aprender a hacerlo igual que se aprende a tocar el piano, a cocinar, a tallar la madera o cincelar la piedra. Éste es el papel de la filosofía y de la educación. Y, no obstante, ambas cada vez se ocupan menos de trasmitir un saber que beneficie al saber estar. La educación, por ejemplo, aspira a permitirnos hacer frente a los desafíos externos de la existencia, en lugar de a los internos: ¿cómo sentirse en paz con uno mismo y los demás? ¿Cómo conocernos a nosotros mismos y resolver nuestras propias contradicciones? ¿Cómo amar? ¿Cómo, finalmente, acceder a una felicidad verdadera y perdurable, que sin duda y sobre todo, revele una calidad relacional de cara a uno mismo y a los demás, en lugar del éxito social y la adquisición de bienes materiales?


Todo el camino de la vida es pasar de la ignorancia al conocimiento, del miedo al amor.


Todos nos encontramos frente a cierto número de hechos que no hemos elegido, que no queremos y que de alguna manera nos han sido impuestos. Es nuestro lugar de nacimiento, la familia, la época en que vivimos; es nuestro cuerpo, personalidad e inteligencia. Son las enfermedades, las dificultades económicas, la vejez y la muerte.

Podemos "rechazar" las cartas que nos han tocado y querer que las cosas sean de otra manera y, no obstante, la serenidad, la paz interior y la alegría no pueden correspondernos sin que las consistamos y sin que aceptemos de verdad la vida tal y como nos llega, con todo lo que tiene de inevitable.


Para hacerlo, para aprender a vivir desde y con la vida, la filosofía nos ofrece el autoconocimiento, aquella senda interna que nos permite encarnar y vivir desde una actitud interna que nos abre al movimiento de la vida, a sus imprevistos, a lo inesperado y las sorpresas. Es una especie de respiración que nos permite acompañar interiormente la fluidez de la existencia.


En esta senda, la del autoconocimiento, aprendemos a transformar elementos y eventos, internos y externos, y a aceptar aquellos otros que, por no depender de nuestra voluntad, no podemos cambiar. Sin embargo, como decimos, no es lo más importante. Aquello fundamental del autoconocimiento es que nos permite decir sí a la vida, desde una alegría interna que no tiene fundamento más que en sí misma.



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Filosofía para la vida.

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